• Skip to main content
  • Skip to footer

Chastity

Promoting the Virtue of Chastity

  • join
  • GET answers
    • DATING
    • Marriage & Family
    • Porn, etc.
    • LGBTQ
    • Birth Control & STDs
    • Starting Over
    • Italiano
    • Español
    • Português
  • Courses
  • Store
    • Bulk
    • Books
    • Audiobooks
    • Booklets
    • CDs
    • DVDs
    • Curriculum
    • Commitment Cards, etc
    • App
  • Events
    • All Events
    • JP2 Trails Retreats
    • Purified
    • SPEAKERS
    • VIRTUAL SEMINARS
  • Donate
  • listen to the podcast

Blog

February 17, 2022 By Admin Leave a Comment

¿El propósito del matrimonio no es la felicidad?

En todo amor humano debe entenderse que cada hombre le promete a la mujer, y que cada mujer le promete al hombre aquello que sólo Dios puede dar, a saber, la perfecta felicidad. –Arzobispo Fulton J. Sheen

“Yo, Joey, te tomo a ti Brigid por esposa. Prometo serte fiel así en la prosperidad como en la adversidad, en la salud como en la enfermedad. Te amaré y respetaré hasta que uno de nosotros se vuelva infeliz.”… espera, ¿qué? Por más gracioso que parezca, la triste realidad es que algunos dejan a sus cónyuges porque se vuelven infelices.

Indudablemente, hay numerosos casos de divorcio. Me gustaría solamente centrarme en un problema que creo yace por debajo de muchos matrimonios que se separan: conscientemente o no, esperamos que nuestro cónyuge y matrimonio nos hagan perfectamente felices.

En Son tres los que se casan, Fulton Sheen escribió:

“En todo amor humano debe entenderse que cada hombre le promete a la mujer, y que cada mujer le promete al hombre aquello que sólo Dios puede dar, a saber, la perfecta felicidad. Una de las razones por los que tantos matrimonios pierden su rumbo es porque, al dejar atrás el altar, no comprenden que los sentimientos humanos se desvanecen y el entusiasmo de la luna de miel no es como la sólida felicidad del amor humano perdurable… En los primeros momentos del amor humano, uno no ve las pequeñas y ocultas deformidades que luego aparecen.”

A su modo paternal, San Juan Pablo II solía intentar destruir la ilusión que las parejas jóvenes tenían de que el matrimonio sólo traería romance y felicidad sin fin. Él sabía que si hacemos de cualquier cosa un ídolo, eventualmente quedaremos vacíos. Sólo Dios puede satisfacer el anhelo que tienen nuestros corazones de un amor y felicidad perfectos. Aun así tendemos a buscar en el otro, el amor que sólo Dios nos puede dar.

 

Si no es la felicidad, ¿cuál es el propósito del matrimonio?

“El matrimonio no existe para hacerte feliz; el matrimonio existe para hacerte santo”, dijo Jason Evert.

En otras palabras, el matrimonio existe para hacer de ti un santo; para transformarte en la mejor versión de ti mismo y acercarte tanto más a Dios. Claro que, el matrimonio también existe para la procreación y la educación de los hijos. Más simplemente, significa estar abiertos a la vida, a ser padres de manera responsable y ayudar a que los hijos sean santos también. (Cfr. CEC 1601)

Dios es amor. La misión central de nuestras vidas es reflejar perfectamente Su imagen. Por lo tanto, cuanto más auténticamente amemos, tanto más nos asemejaremos a Dios, y consecuentemente, aún más seremos nosotros mismos.

Pero, para amar como Dios ama, negarnos a nosotros mismos y elegir lo que es mejor para aquellos a quienes amamos es necesario. Eso inevitablemente llevará al sufrimiento. Jesús en la cruz es el ejemplo perfecto. Santa Clara de Asís sabía esto cuando dijo “El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre”.

Cuando llegue el tiempo de prueba, no desesperen. Apóyense en la gracia de Dios por medio de los sacramentos. Pidan a Nuestra Señora su ayuda. Encuentren un buen director espiritual que los guíe. Y recuerden: fueron creados para la grandeza. ¿Pensaron que sería fácil? Nada que valga la pena lo es. Ningún atleta olímpico ganó una medalla de oro viendo Netflix o abandonando cuando el sacrificio era requerido. Soportaron arduos entrenamientos sólo para ganar un pedazo de metal. ¿Por qué esperarías un sacrificio mucho menor si deseas un gran matrimonio?

¿Significa eso que el matrimonio será miserable? ¡No! El matrimonio será maravilloso y difícil. Alegre y frustrante. Hermoso y desafiante. Al igual que la vida. El mejor modo de medir el éxito de un matrimonio no es cuánta felicidad siente la pareja, sino cuán virtuoso y santo sea cada cónyuge.

Para discernir y dirigirte al matrimonio, he aquí cinco ideas para purificar tu concepto del matrimonio:

 

  • Que Dios sea el centro de tu vida y pídele que purifique tu concepto del matrimonio.
  • Recuerda: el matrimonio no existe para hacerte feliz; existe para hacerte santo, y la santidad es el camino a la auténtica alegría.
  • Establece expectativas reales para el matrimonio pasando tiempo con buenas familias y parejas santas.
  • La infelicidad en tu matrimonio no es signo de que has elegido la vocación equivocada, la persona equivocada, o que debes abandonar a tu cónyuge.
  • No desesperes. Aún entre las dificultades, un gran matrimonio es posible con la gracia de Dios y el trabajo duro.

Filed Under: Español

February 17, 2022 By Admin Leave a Comment

La paradoja de la belleza sexy

Todavía recuerdo ir caminando al centro comercial un día con mi mejor amiga durante el inicio de nuestros años de secundaria. Ambas teníamos lindos vestidos puestos y ansiábamos atraer algo de atención. Sonreíamos y nos reíamos cuando los muchachos nos tocaban bocina o nos silbaban desde las ventanas, inofensivamente disfrutando la atención y la afirmación.

Luego un auto se detuvo, uno de los varones asomó la cabeza por la ventana y nos llamó, ¡nuestros corazones casi se detienen! Pensamos que íbamos a morir o que seríamos secuestradas, hasta que finalmente siguieron su camino. Esa no fue la última vez que obtuvimos piropos pero ciertamente fue la última vez que fuimos en busca de ellos.

Es curioso que puedas obtener lo que quieres y luego te des cuenta de que no tienes ni idea de qué hacer con eso y de que ni siquiera lo quieres.

Pienso que lo mismo sucede con la mujer que se pone un vestido tallado negro y va a clubes, bares o fiestas donde la mayoría de las personas tiene una mentalidad de la cultura del uso. Recibirá atención, sí, pero demasiado seguido esa atención no le llevará al amor que está esperando.

Es esta mentalidad paradójica de tener que ser sexy en orden a ser hermosa lo que nos lleva a las mujeres a vestirnos o actuar de ciertas maneras que coinciden con la idea de que, para encontrar el amor, tenemos que ser la mujer más sexy y más fogosa de la sala.

Podrá atraer los ojos de los hombres, mas no atraerá el corazón de ninguno.

Contribuye a la lujuria y a objetivación porque nos reduce tan sólo a nuestra apariencia sexual. Nuestros cuerpos se convierten en lo que tenemos para ofrecer, atemorizadas de que nuestro ser interior no sea suficiente.

¡El problema es que la mayoría de nosotras ni siquiera sabe que está haciendo eso! Cada mujer que hace esto, al menos en el fondo, realmente está deseando que un hombre la considere hermosa, vaya exclusivamente tras ella, y comprometa su vida a la de ella.

Sé que esas eran mis intenciones cuando entré a la universidad vistiendo calzas, pequeñas musculosas, pantalones más que cortos, y bikinis.

Quería ser hermosa.

Quería ser amada.

Quería ser elegida, que un hombre se desviviera por mí.

Realmente no tenía intención alguna de ser una fuente de tentación o de poner mi cuerpo a disposición de los hombres.

A medida que fui conociendo hombres buenos y sólidos y comenzaba a conocer su versión de la historia, aprendí más sobre la industria multimillonaria de la pornografía (por ejemplo, que 1 de cada 5 búsquedas en internet es sobre pornografía y que cerca del 70% de los hombres de mi edad recurren a ella mensualmente y también una gran cantidad de mujeres) que esclavizó a muchos de ellos desde que eran tan sólo niños. Me di cuenta hablando con ellos, cuánto mi vida realmente afecta a quienes me rodean, especialmente viviendo en el mundo increíblemente sexualizado de hoy en día.

Las mujeres enviamos un poderoso mensaje a los hombres por el modo en que nos vestimos, actuamos y hablamos. Con la verdadera modestia ayudamos a nuestros hermanos que están en el camino de sanar su pureza de mente y de corazón. Ayudamos a nuestras hermanas haciéndonos menos tentadoras para las comparaciones corporales nocivas. Nos ayudamos a nosotras dando los pasos necesarios para prevenir ser vistas como objetos por aquellos que sí buscan galantearnos e invitando a otros a ver el misterio y totalidad de nuestra belleza como mujer.

Ser hermosa no significa ser sexy. Ser hermosa (y verdaderamente atractiva para un hombre) significa que tu carácter, tu corazón, tu virtud, tu cuerpo, todo sobre ti atrae el corazón del hombre y lo inspira a levantarse para ser digno de tu mano en matrimonio. En fin, lo inspira a crecer en carácter y santidad para que se le pueda confiar tu persona y tu totalidad.

 

Girar cabezas, atraer ojos ¿adónde te lleva eso?

Pero convertir un corazón, eso es poderoso.

 

“La belleza salvará al mudo”

Fiódor Dostoievski

Filed Under: Español

February 17, 2022 By Admin Leave a Comment

El desafío de la castidad en el matrimonio

Una de las enseñanzas más desafiante y liberadora de la Iglesia Católica es la castidad. Es indudablemente una virtud que va contracorriente de manera radical y demanda un gran señorío de sí mismo y sacrificio. Demanda un ordenado amor de Dios y, consecuentemente, un amor auténtico por los demás.

Mi experiencia de la castidad tanto antes como dentro de la vida matrimonial ha sido menos que glamorosa. No me atreveré a decir que hablo en nombre de todos los matrimonios que practican la planificación familiar natural, pero intentaré, de modo conciso, compartir mi propia experiencia.

La castidad en mi matrimonio es una experiencia incesante de examinar tanto el corazón como la mente. Requiere sopesar continuamente las intenciones más ocultas. Esto me resulta particularmente verdadero cuando se intenta comunicar la idea de posponer o lograr un embarazo, al mismo tiempo en que se intentan reconciliar los entendimientos de una verdadera intimidad y las necesidades del otro.

Aunque no siempre sea placentero o fácil, la castidad en el matrimonio me ha enseñado que debo ser responsable del don de la sexualidad, esforzándome en vivir el significado de este don a través del amor matrimonial. La planificación familiar natural alimenta verdaderamente el florecimiento de la castidad en el matrimonio.

San Agustín estaba captando algo de esto cuando dijo “La perfecta abstinencia es más fácil que la moderación perfecta”. Como un recién casado (me casé en el 2014), puedo humildemente decir que no estaba preparado para las diversas formas en que la castidad en el matrimonio debía ser, y en lo que la práctica de la planificación familiar natural consistía. Sin embargo, con mi marido estábamos dispuestos a superar cual sea la dificultad que apareciera y a permanecer fieles a las enseñanzas de la Iglesia en este ámbito. Esto requirió que estuviéramos unidos en los momentos de lucha y a siempre comunicar los desafíos que estábamos atravesando, ya sea con los períodos de abstinencia, o aprendiendo a entender de mejor modo las expectativas del otro.

La castidad nos permite enfrentar lo que no es placentero e incómodo porque nos dirige hacia una experiencia auténtica de intimidad que no busca esconderse tras constructos sociales de plenitud sexual ni la distorsión de una desechable mentalidad contraceptiva. Nos ayuda a alcanzar lo que es más bello.

La castidad en el matrimonio también ha resaltado la importancia vital de adueñarse del propio compromiso de la castidad antes de decir “sí, quiero”. Esta base personal de la castidad fortalece el vínculo matrimonial. En mi opinión, simplemente amar a una persona y optar por la castidad no es suficiente; debe estar enraizado en el amor de Dios, porque solamente por medio de la gracia de Dios y la providencia es que podemos verdaderamente tener éxito en la vivencia de la llamada a ser castos libremente. Sólo cuando respondemos amorosamente ante Dios y su plan para nuestra sexualidad es que podemos empezar a amar y valorar al otro como un don.

Tanto mi esposo como yo hemos luchado por la castidad antes de conocernos y a lo largo de nuestra relación; nuestras experiencias de conversión nos han fortalecido y nos han dado un mayor conocimiento del otro y de la libertad de la castidad. Nos permitió ir a Dios separadamente para que pudiéramos unirnos como marido y mujer.

La planificación familiar natural nos ha ayudado a expulsar nuestras expectativas egoístas y a animarnos a crecer en el amor dentro de nuestro matrimonio diariamente. Si bien no siempre es fácil, permanecemos abiertos a la voluntad de Dios y hasta ahora hemos sido muy bendecidos.

Filed Under: Español

February 17, 2022 By Admin Leave a Comment

Abre tus ojos (Parte 2)

Estábamos en la biblioteca mirando un libro de fotografías del paisaje de Francia. Entonces vimos una imagen de una bailarina vestida inmodestamente.

“¡Estos franceses!”, dijo mi cita. “¿Quién quiere ver eso?” Inmediatamente dio vuelta la página.

Yo sólo sonreí. Por dentro yo estaba festejando. ¡Sí! –Pensé- ¡Lo entiende!

Dos semanas más tarde me mostró una película con una “bailarina” con mucha menos ropa. ¡Okey! –Me corregí- No lo entiende.

Estaba un poco nerviosa hablándole sobre mis estándares por miedo a sonar más-santa-que-tú o hacerlo sentir mal. No debí preocuparme por eso tampoco.

“¡Nadie hace eso!” dijo riéndose cuando mencioné diversos malos hábitos. Mi idealismo era lindo, continuó, pero necesitaba salir de mi pequeño mundito cómo de niña y salir al mundo real.

Ya había tenido esta conversación con otros chicos antes. Pude haberle dicho que su pensamiento me incomodaba. Me hubiera encantado decirle “tienes razón, no es importante”. Pero no podía.

Años atrás, la modestia me fue difícil, hasta que me percaté de que la modestia no era una práctica sólo en respuesta a un mal, sino como respeto por lo que es sagrado, la sexualidad masculina y femenina. La palabra “sagrado” literalmente significa “digno de veneración”. Una vez que entendí que mi figura femenina era invaluable, la modestia se volvió algo fácil.

En mis esfuerzos por entender la modestia, recurrí al Catecismo de la Iglesia Católica. En el párrafo 2521 dice: “La pureza exige el pudor. Este es parte integrante de la templanza. El pudor preserva la intimidad de la persona. Designa el rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado.”

En ningún lado explicita que mirar una película nos excusa del “rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado”, lo que es íntimo en una persona.

Si mi sexualidad es tan gran tesoro que hasta su contemplación es sagrada, así de sagrada es, entonces, la sexualidad de los demás. Si respeto mi valor lo suficiente como para tener un rechazo a mostrar ante los ojos de otra persona lo que debe permanecer velado en mi cuerpo, entonces “amar a tu prójimo como a ti mismo” requiere que respete el valor de la otra persona lo suficiente como para tener un rechazo a mostrar ante mis ojos lo que debe permanecer velado en sus cuerpos.

Ya sea que cause pensamientos lujuriosos o no, puesto que esto no me pertenece, no tengo ningún derecho a verlo. Puedo controlar lo que veo, y debo respetar a cada actor y a cada actriz tanto como me respeto a mí mismo.

De lo contrario estaría diciendo “soy un buen católico, por lo que me respetaré a mí mismo con el velo de la modestia. Pero tú, ¡contempla cómo estás viviendo! No tengo que respetarte con el velo de la modestia”. ¿Cuán farisaico y contrario al amor sería eso? El valor de una persona es incondicional, por lo que merecen un respeto incondicional. Los católicos deben otorgarles a las otras personas un respeto mayor del que se dan a sí mismos porque sabemos que lo valen.

Practicar la modestia hasta este punto no es vivir en una burbuja lejos del “mundo real”. Esto es darle a cada ser humano el respeto que la imagen de Dios merece y es vivir la modestia en su máximo esplendor.

No creo que Dios esté decepcionado si viera menos películas que mis coetáneos. Pero lastimaría el corazón de Dios si actuase como un niño de cuatro años señalando a mis pares diciendo: “¡Ellos empezaron! ¡Ellos lo hicieron primero!”. Sería como decirle: “Padre, mis hermanos y hermanas en Hollywood no sabían o ignoraban el respeto que sus cuerpos merecen. Pero yo sí lo sabía. Y no apagué el televisor. No salí corriendo de ese cine. Porque ellos no pusieron un velo entre sus cuerpos y mis ojos, yo no me molesté en hacerlo tampoco.”

“…toda obscenidad en la palabra escrita y toda forma de indecencia en el escenario y en la pantalla, debería ser condenada pública y unánimemente por todos aquellos que estiman el avance de la civilización y la protección de los maravillosos valores del espíritu humano. Es bastante absurdo defender esta clase de depravación en el nombre del arte o de la cultura.” –Papa San Pablo VI

Deja que Dios abra tus ojos a la sexualidad humana,, algo tan sagrado que hasta su contemplación es “digna de reverencia”, algo “sagrado, sólo para ser descubierto en el amor matrimonial.”

Filed Under: Español

February 17, 2022 By Admin Leave a Comment

Abre tus ojos (parte 1)

Tenía catorce años, estaba desempacando unas remeras nuevas que había ordenado y me las probaba en mi nueva figura. Mi mamá estaba ahí conmigo y nuestro diálogo era algo como esto:

 

Yo: “¡Oh, wow! ¡Nunca antes me había visto tan bien!”

Mi mamá: “Em… creo que esas remeras deben ser devueltas.”

Yo: “¡¿Qué?! ¡No! ¿Por qué?”

Mi mamá: “No quieres que los muchachos piensen cosas sobre ti, ¿o sí?”

Yo: “¡Eso no es justo! ¡Los muchachos son estúpidos! ¿Por qué no pueden pensar como nosotras?”

 

A pesar de mis protestas, mi tan increíble mamá devolvió las remeras. Me consoló con “cuando te cases con un gran hombre y estés sola, podrás vestirte como quieras para él”. Eso calmó de algún modo mi drama adolescente. Después de todo, él era el chico a quien yo quería impresionar. Pero también recuerdo haber pensado “¿eso tiene que esperar al matrimonio también?”

Al ser adolescente y tener que vestir modestamente me resultaba molesto porque no parecía justo que la manera en que yo vistiera estuviera sujeto a los que los hombres pudieran ver sin sentirse tentados, hasta que me di cuenta que no se trataba sólo de la lujuria. La modestia no es puesta en práctica como respuesta a algo malo como la lujuria, sino como respeto por algo sagrado como todo mi cuerpo y alma.

Puede ser tentador para las mujeres mirar a nuestro cuerpo, sentir vergüenza y pensar “este cuerpo mío puede tentar a un hombre a pecar, a objetivar, a lujuriar, mi figura femenina puede llevar al mal, por lo que debo ocultarlo”. ¡No!

Observa a tu cuerpo y recuerda: “Este cuerpo es sagrado. Ésta es la imagen de Dios, la imagen del amor auto-donante. ¡Dios creó mi físico femenino para el increíble e inspirador propósito de la unión con mi amado y la pro-creación, el desarrollo y nutrición de la imagen de Dios! Él me dijo “muy bueno” y puesto que el cuerpo de una mujer es tan profundamente bueno, ningún hombre tiene derecho a siquiera ver la totalidad de la sexualidad femenina sin el permiso de Dios mismo. Mis atributos femeninos son demasiado sagrados, demasiado importantes y demasiado bellos como para que cualquier hombre contemple a excepción de aquél con quien me donaré recíprocamente… y sólo cuando Dios mismo nos haya entregado el uno al otro.”

Cuando vistes modestamente, no significa que tienes que no tienes que resplandecer o no ser atractiva. Deberías vestir de un modo bello por la misma razón por la que vistes modestamente (no para obsesionarte con tus miradas ni para atraer la atención), sino por respeto hacia el valor de tu propio cuerpo.

Si bien ayudar a que los hombres controlen sus pensamientos puede ser un buen fin para nuestra decisión de practicar la modestia, la motivación más profunda ha de provenir del reconocimiento que vestir inmodestamente es ante todo y sobre todo, un pecado contra tu propio cuerpo.

No ofertes lo que no está a la venta. No expongas como “irrelevante” lo que al hombre, para poder obtener, debería costarle toda una vida de devoción. No alcanza con que un hombre no quiera lujuriar tu sexualidad femenina. Él también debe considerar tu sexualidad femenina como un tesoro invaluable.

El velo de la modestia impulsa al hombre a respetar ese valor. La modestia ha sido llamada “una invitación a la reverencia”. La modestia invita a los hombres a apreciar debidamente cuánto vales como mujer. Si él huye de la invitación, tú debes huir de él. Si él no piensa que el cuerpo de una mujer es lo suficientemente sagrado como para merecer el velo de la modestia, él no te apreciará debidamente en el matrimonio. Cuando un hombre acepta el velo de la modestia, es porque él puede ver claramente cuán hermosa eres.

El Papa San Juan Pablo II explica que en la inocencia del Edén, Adán y Eva veían los cuerpos desnudos del otro como una invitación a amar a la otra persona. La modestia conlleva el respeto y la reverencia que el cuerpo humano vale. Cuando te hayas preparado con la reverencia para reconocer el valor inconmensurable, entonces el don de sí mismo puede ser dado y recibido sin más que alegría y gratitud. Cuando tengas esta reverencia en el compromiso del matrimonio para amar totalmente a esta persona, la revelación de este don se convierte en una invitación para amar.

Sólo hay un hombre que alguna vez invitarás a amarte como a sí mismo. Tu luna de miel es una fiesta privada con un invitado muy exclusivo. Es una invitación privada.

 

“Aquello que está cubierto es sagrado, sólo para ser descubierto en el amor matrimonial.” – Scott Hahn, Signs of Life

Filed Under: Español

February 17, 2022 By Admin Leave a Comment

Mi matrimonio no es cuento de hadas

(También titulado “¿Cómo puedes casarte con el hombre de tus sueños y aun así querer algunas veces darle una bofetada?”)

Hace algunos años, estando soltera, me senté enfrente de una pareja comprometida durante el almuerzo en un retiro de Teología del Cuerpo. Curiosa por su “historia de amor”, escuché durante 45 minutos cómo Dios había movido todo para ellos, cómo llevó AÑOS de oraciones y novenas que eventualmente fueron respondidas de las maneras más extrañas. Digo, les tomó 45 MINUTOS contar su historia. Hacia el final estaba pensando “Oh, por Dios. Esta es la mejor historia de amor que he escuchado. No hay forma en que pueda tener alguna historia semejante. Con mi suerte, terminaré encontrando a mi futuro esposo en un bar (como si frecuentara algún bar), y no tendría ninguna historia genial para compartir y ¡tanto mi vida como mi matrimonio estarían arruinados!” Está bien, tal vez no era tan dramática.

Con un poco más de esperanza gracias a la historia de esta pareja, pero también con algo de duda, mi oración a Dios era: “Jesús, confío en Vos. Confío en el plan que tengas para mí. Rezo para que mi tiempo como soltera no sea una ‘pérdida de tiempo’ hasta que contraiga matrimonio. Señor, úsame como tú quieras. Seré paciente contigo, sabiendo que mientras más espere por mi esposo, mejor será él, asumiendo que ambos estamos creciendo en  santidad cada día. Sé que lo mejor que puedo hacer para mi futura vocación es ser santa ahora. Y, si muero mañana, entonces mi vocación será en el Cielo contigo, ¡y eso será genial! Ayúdame a vivir cada día con alegría y a no ser una soltera miserable. Sólo Tú puedes satisfacer este corazón y preferiría permanecer soltera y alegre en Ti, a ser miserable en una relación con alguien solamente por no querer estar ‘sola’. Jesús, confío en Vos.”

Por supuesto, mi pequeño corazón se enganchaba con las comedias románticas (digo, “Tienes un e-mail” está constantemente en la televisión por cable) o con los cuentos de hadas de Disney, y me preguntaba cómo sería mi “historia de amor”. (Debería haber leído el libro de Sarah Swafford Emotional Virtue sobre cómo controlar todos estos ensueños, pero todavía no estaba escrito). También conocí a un montón de jóvenes adultas católicas que estaban casadas y a quienes les envidiaba sus historias de amor, porque parecía que todas ellas tenían historias semejantes a cuentos de hadas y que terminaban con un “Y fueron felices para siempre”. Todas estas mujeres estaban casadas con increíbles hombres de Dios. Sigo pensando en mis adentros “si he conocido a todos estos increíbles hombres de Dios casados, seguramente haya en algún lado un increíble hombre de Dios SOLTERO. Y Dios, ¡necesito UNO!”

Bueno, sí conocí a muchos hombres de Dios solteros. Viajé a más de 40 estados y 16 países en los últimos 7 años llevando adelante un apostolado, y déjenme decirles, hay una TONELADA de hombres de Dios increíbles (y si quieres que te enganche con alguno de ellos, puedo hacerlo… guiño, guiño). Sin embargo, ninguno de ellos era mi esposo. Sí, puede que haya salido o haya sido galanteada por alguno de ellos, pero llegó el punto en el cual era demasiado fácil distinguir que ellos no eran “él” (incluso si tomaba entre 6 y 10 meses darme cuenta). Quizá sea porque era ya más grande y me conocía a mí misma mucho mejor. Quizá era porque Dios estaba guardando mi corazón. Por el amor de Dios, el año antes de salir con Bobby, había 3 hombres que me gustaban y deseaba que me invitaran a salir. Mi pequeño corazón esperaba y esperaba, pero ninguno de ellos se sentía atraído por mí. Tal vez era porque estaba pidiéndole a Dios “Señor, si él no es ‘el elegido’, no permitas que se enamore de mí. No quiero hacerle perder su tiempo ni mi tiempo encontrando nuestras vocaciones.” Bueno, Dios escuchó mi súplica, y yo estaba frustrada. Molesta. “Dios, ¿POR QUÉ responderías a mi clamor del modo en que yo quería? ¿No podría alguno de ellos haberse enamorado de mí?” (¿No es gracioso cómo hacemos eso con Dios?)

Bueno, ciertamente me re-encontré con Bobby, y puedes leer otra historia sobre eso. Y sí, la historia de amor que Dios tenía para mí era mucho mejor de lo que podía llegar a imaginar. Estoy feliz de haber sido paciente. Estoy feliz de no haberme conformado con algún novio anterior. Valió la pena esperar en el Señor y no tan sólo “aceptar” cualquier relación que se cruzara en mi camino porque quisiera casarme y tener hijos. Estoy feliz de haberlo hecho al modo de Dios y no a mi modo.

SIN EMBARGO, sólo porque haya sido fácil discernir la relación, no significa que la relación en sí sea fácil. Las relaciones con seres humanos, generalmente, no son fáciles. Somos personas imperfectas tratando con otras personas imperfectas. Ya sea que sean familiares o mejores amigos, las relaciones requieren compromiso, entendimiento, un fin común, etc.

Durante las sesiones de chicas en las conferencias, suelo compartir nuestra historia de amor. Y usualmente las chicas son inspiradas a no conformarse, a tener esperanzas que Dios tiene también para ellas una historia de amor, y hasta obtengan el valor necesario para terminar una relación en la que están, sabiendo que no las está llevando al matrimonio y/o sabiendo que les falta la paz y alegría que deben sentir al seguir su vocación.

El problema es que estas sesiones de chicas sólo duran un tiempo, y pareciera que es el “FIN y vivieron FELICES PARA SIEMPRE”. Es en otras charlas sobre citas y relaciones que Bobby y yo logramos hablar de las “divertidas” historias de las pruebas, los argumentos, la realidad diaria de una relación basada en Dios. Estas son mis charlas favoritas, porque quiero que las personas tengan esperanzas en que el matrimonio es genial, pero que implica esfuerzo. También causa que uno muera a sí mismo muchas veces.

En los cuentos de hadas, no ves realmente qué sucede después del final. En la vida real, sí logras vivir el “después”. Y créeme: si bien sabía que Dios tenía un increíble “caballero en una armadura resplandeciente” dando vueltas por ahí, también sabía que probablemente discutiríamos mucho, nos frustraríamos el uno al otro, nos molestaríamos, etc. Nunca tuve la idea de un cuento de hadas en donde nada de todo esto sucediera, por más que se tratase del hombre de mis sueños

En nuestra relación de citas/galanteada, al igual que todas la parejas, con Bobby tuvimos que aprender a comunicarnos. Con una extrovertida como yo que “habla” sobre muchas cosas y con un introvertido como Bobby que no habla tanto, esto fue un doloroso y arduo proceso. Durante una discusión le dije a Bobby: “Ya no estás en el seminario, no puedes simplemente correr hacia tu habitación y cerrar la puerta. ¡Si vamos a estar casados, tenemos que hablar de esto!”

Hubo momentos en los que Bobby tuvo que soportar mis “pocos días del mes” donde yo era más emocional y quería o llorar con cada propaganda o quería golpearlo en la cara. Afortunadamente, una vez que empezamos a tomar clases de planificación familiar natural 6 meses antes de nuestro casamiento, Bobby estaba registrando mi ciclo y podía calcular los dos días exactos en los que podía comprarme flores o chocolate para aplacar la “locura”. (Puede que aun así haya querido golpearlo en la cara).

Nuestra cita/galanteada vio muchas lágrimas mías, muchas disipaciones de expectativas que teníamos de relaciones previas o de las familias en que habíamos crecido. También teníamos que lidiar con nuestra in-castidad en relaciones previas y cómo eso afectaba a nuestra relación actual. Teníamos que hablar sobre nuestra vida de oración (cómo debía ser tanto individualmente y como pareja). Teníamos que hablar de cosas tontas como de qué manera tiene que ir el papel higiénico (HAY un modo correcto, y es con el papel pasando “por encima”).

Pero permítanme decir que había otros chicos con quienes salí, y con quienes no podía hablar de estas cosas. En otras relaciones, de traer sobre la mesa temas “incómodos”, hubiera tenido miedo de que cortaran conmigo. Hubiera tenido miedo de hablar de nuestra vida de oración o la castidad. Con Bobby, en cambio, me sentí cómoda de ser yo misma. Me sentía cómoda como para mostrar mi lado salvaje, mi lado de mucho llorar, mi lado de “estoy orgullosa de ser católica”, mi lado de mujer, mi lado rudo, mi lado ridículo, etc. Creo que si no puedes hablar de esos temas incómodos con la persona con quien estás saliendo por miedo a arruinar la relación, es una GRAN bandera roja de que no es la persona con quien se supone que estarás por el resto de tu vida.

Si bien mi matrimonio no es un cuento de hadas (consiste en la vida real, personas reales, pañales realmente sucios, orgullo real, egoísmo real), no preferiría que fuera de otro modo. ¿Por qué? Porque sé que el único “vivieron felices para siempre” donde en el “Fin” no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor es en el Cielo (Apocalipsis 21, 4). Esta vida, sin embargo, sí tiene muerte, pena, queja y dolor. Y ningún matrimonio es inmune a eso. Nuestro objetivo en la vida es aprender a amar a Dios, a los otros, a nosotros mismos. Y el amor verdadero es exigente. El amor real es doloroso. El amor real duele. El amor real exige un morirse a sí mismo. El amor real es sacrificio. El amor real no es tan sólo un “sentimiento”. El amor real es la Cruz (la agonía) y la Resurrección (el éxtasis). No puedes tener la Resurrección, por lo tanto, sin la Cruz. No puedes tener el éxtasis sin la agonía. No puedes tener el Cielo, el “vivieron felices para siempre”, sin la Cruz, tanto literal como figurativamente.

Luego de cada discusión o momento de sufrimiento, amo y respeto a mi esposo más y más. (En relaciones previas luego de tales cosas, especialmente de las discusiones, me percataba de que respetaba aún menos a mi novio). Mi pelea más memorable fue cuando Bobby y yo estábamos a tres mil millas de distancia y ambos habíamos cortado la llamada entando todavía enojados (puesto que el problema no estaba resuelto, era medianoche en donde yo estaba y tenía que madrugar al día siguiente). Me desperté y me encontré con un mail de Bobby que decía “Todavía estoy muy frustrado. Sin embargo, te amo y no iré a ningún lado”. Había una seguridad en esa afirmación. Pensé “tengo paz en mi alma de que este es el hombre con quien estoy llamada a casarme, por más que ambos estemos frustrados/enojados el uno con el otro. Y ¡Wow! Realmente amo a este hombre”. y adivinen qué: es así como me siento durante las discusiones/peleas que tenemos en nuestro matrimonio. (En mi cabeza se escucha más como “Ugh, todavía te amo aunque quiera abofetearte* en la cara ahora mismo”).

Lo amo más y más cada día porque puedo conocer a su verdadero ser y no la “idea” de él. Él es un buen hombre. Es un hombre santo. No somos perfectos, pero somos perfectos el uno para el otro (podría escribir todo un blog sobre eso). Estoy agradecida con Dios cada día por nuestro matrimonio, con todas sus fortalezas, con todas sus pruebas. Estoy agradecida por un esposo que me guía al Cielo, y por un matrimonio lleno de alegría. Estoy agradecida por aprender que no todo se trata de mí. Estoy agradecida de que puedo aprender a morir a mí misma y cómo vivir para otro (y, por supuesto, es horrible en el momento tener que hacer eso). Y, más que nada, estoy agradecida de que Dios, quien nos unió, sea la base y el centro de todo esto. Para mí, eso es lo que hace que nuestro matrimonio esté lleno de paz y alegría –incluso cuando quiero golpear* a mi esposo en la cara.

La vida no es cuento de hadas. El matrimonio no es un cuento de hadas. Gracias a Dios por eso. Porque en el final, cuando estemos relajándonos en el Cielo juntos, realmente vamos a estar viviendo “felices para siempre”.

 

*Para aquellos que están preocupados por esa sentencia: no, nunca podría abofetear a mi esposo en la cara. Tómense un tranquilizante. Relájense. No le adviertan a la policía Vaticana sobre mí.

Filed Under: Español

February 17, 2022 By Admin Leave a Comment

Esperaré por ti

Cuando comencé por primera vez a explorar el área de la enseñanza moral católica que es la castidad (no sólo implementándola, sino también interiorizándola), no podía con tanto material. Descubrí que amaba leer libros que profundizaban mi entendimiento de algo tan bueno; que amaba conectándome con otros jóvenes adultos para escuchar sus historias de citas y compartir mi testimonio con ellos; que amaba a la persona que practicando la castidad me hizo. Amaba y valoraba profundamente el concepto redescubierto que había obtenido sobre el amor auténtico como resultado de estudiar la castidad. Estaba lista y dispuesta a esperar por el cuerpo de mi futuro esposo.

…Aunque no tanto por él.

Ahora que el verano está aquí, empecé a frecuentar la costa, generalmente con las ventanas bajas y música sonando. Cuando llego, despliego mi manta, saco un libro y mi rosario, y “paso el día con Jesús”, como afectivamente le digo. La gente siempre se sorprende cuando se enteran que voy a tantos lugares y que hago viajes por mi cuenta, especialmente a la playa. Voy, porque mientras más sea el tiempo que paso sola, tanto más Jesús pareciera revelarse ante mí en esos momentos de soledad y silencio. Él sólo puede hablar tan fuerte como cuando hablo con alguien más.

En mi último viaje solitario a la playa, Jesús reveló algo que me resultó nuevo sobre la castidad, y sobre mi anhelo por mi vocación: la castidad no solamente depende de nuestra voluntad para esperar al cuerpo de una persona, sino también de nuestra voluntad de esperar por él/ella, en su totalidad de persona. Esperar por su presencia; esperar por su ser cuando no tenemos ni idea de dónde está, o de si aparecerá algún día. En los últimos tres años, creo que aprendí todo lo que había sobre la castidad, pero aquí Dios es, nuevamente, mostrándome mi error y humillándome con Su afirmación de que hay un entendimiento más perfecto del amor como Él lo creó.

Puedo ser una persona muy impaciente, por lo que esperar a que mi futuro esposo aparezca resulta algo excepcionalmente desafiante. Puesto que mi última relación duradera terminó hace algunos años, inconscientemente me puse un límite sobre cuánto tiempo quería estar soltera, y cuando ese límite se acercaba a su fin, estaba enojada y frustrada con Dios. Empecé a preguntarle cosas como “¿Qué es lo que todavía no te entregué que necesitas que te entregue para ser digna de mi vocación?” y “¿Estás castigándome por pecados que cometí hace tantos años?” y, especialmente, “¿Te has olvidado de mí?”

No fue sino hasta hace unos días que me di cuenta por primera vez, que en la tiniebla de mi impaciencia, estaba fallando en practicar la verdadera castidad, no en un modo que fuera pecaminoso o inmoral, sino un modo en el cual mi actitud no conducía al amor verdadero. En orden a que exista el amor verdadero, la castidad (y la paciencia) debe siempre ser practicada entre amantes, entonces, ¿quién soy yo para poner un límite en la cantidad de tiempo que estaré esperando a aquél a quien Dios ha pensado para mí? ¿Y quién soy yo para demandarle algo a Dios?

Al darme cuenta de esto, decidí hacer un ayuno de un mes de todo lo que fuera una cita. Si bien no parece una gran cantidad tiempo, el punto no es tanto ayunar de las citas sino poner más énfasis en entregarme total y completamente a Dios sin estar deseando en secreto entregarme totalmente a alguien más. Si estás lidiando con un fuerte deseo por tu vocación, te animo a que también pases tiempo en oración, reflexionando en lo que Dios pueda realmente llegar a querer para ti más que rezar constantemente por lo que crees que Dios te debe. Él ya conoce los deseos de tu corazón, así que no tienes que insistir en ellos cada vez que rezas, porque Él ya se está haciendo cargo de eso por ti.

La castidad es mucho más que abstenerse del sexo, amigos míos. Se trata de anticipar el amor que Dios nos ha prometido a cada uno de nosotros, sea cual sea nuestra vocación… Si tan sólo estamos dispuestos a esperar.

Filed Under: Español

February 17, 2022 By Admin Leave a Comment

Cuán encantado estaría el demonio si nos viera hacer esto

En un posteo reciente, Tommy McGrady escribió “El matrimonio no solamente es duro. Es realmente duro.” Pero una amiga mía lo leyó, y luego le respondió.

Ella escribió: “Cuando aprendes a comunicarte, a amar a tu cónyuge más que a ti mismo, cuando aprendes a comprometerte y aceptar que no todo en la vida será como tú quieres, el matrimonio no es para nada difícil.” ¿Entonces lo es o no lo es?

¿Es el matrimonio algo difícil, o no tan difícil? Y si es difícil, ¿debería serlo? ¿Qué hay de las citas? Si las citas son difíciles, ¿deberíamos renunciar a ellas?

Puedo concordar con mi amiga que el matrimonio no sería tan difícil si ambos cónyuges pudieran comunicarse exitosamente de manera recíproca, amarse sin egoísmos, y negociar sanamente. Pero estoy obligada a proclamar algo que espero nunca lleguemos a olvidar: ninguno de nosotros está preparado para hacer eso.

Que una persona se comunique exitosamente, ame desinteresadamente, o negocie sanamente, no depende simplemente de la voluntad para hacerlo. También influyen diversos factores, tales como las inseguridades y el egoísmo, las historias que no queremos contar sobre las heridas que no queremos exponer, los apegos a estilos insalubres que hemos adaptado de nuestras familias de origen.

Sólo algunos de nosotros sabríamos qué tan listos estamos para una relación seria hasta que estamos en ella. Muchos aprendemos en ellas que no estamos bien equipados. Todos necesitamos que nos recuerden que está bien, porque podemos solucionarlo.

Lo que nos dicen, según quién y sus razones, es que el matrimonio es difícil o no es difícil. Cuando compartí el posteo de McGrady en Facebook, se armó una discusión en los comentarios.

Algunos lectores afirmaban que la declaración de que el matrimonio es difícil desalentaría a las personas que van tras el matrimonio. Argumenté que decir que es fácil desalentaría a las parejas que ya están casadas a permanecer de ese modo, y eso puede ser nocivo para quienes necesitan crecer al admitirlo.

Eso es porque es fácil en nuestra cultura convencernos de que lo que es difícil es malo y que lo que es fácil es bueno.

Es más fácil decir que alguien no es apto para mí cuando estoy en una relación con él, y esa relación ya es difícil, que considerar que las relaciones siempre me resultarán difíciles si no dejo que hagan lo que se supone que hacen: cambiarme.

Pero ni la dificultad es la negación, ni la bondad y facilidad son la afirmación. En muchos casos, lo que es arduo nos ayuda a trascender el estado de quietud y lo que es fácil nos ayuda a mantenerlo.

Algunas relaciones son fáciles porque las personas en ellas no van lo suficientemente profundo como para chocar, es fácil porque es superficial, pero lo superficial no es bueno. Otras relaciones son difíciles porque las personas en ellas van  lo suficientemente profundo como para descubrir en qué cosas necesitan mejorar. Es arduo porque es formativo, pero lo formativo no es malo.

Cuando no admitimos esto, podemos rápidamente convencernos para sostener una relación porque es fácil, o terminar una relación formativa porque es difícil. En cualquier caso, optamos por la incomodidad menor.

Algunos de nosotros hacemos eso mientras simultáneamente clamamos estar apuntando a un matrimonio que nos haga ser más santos, más sanos, y más felices.

Y eso me perturba.

Me perturba porque ser más santo, más sano y, ciertamente, más felices, siempre requiere de trabajar duro. Siempre implica que necesitarás cambiar tu comportamiento. Eso requerirá incomodidad, y algunas lágrimas, y para muchos de nosotros, consejos, pero huimos de eso.

Me perturba por lo encantado que estaría el demonio de vernos elegir como pareja a alguien cuya presencia detenga nuestro crecimiento en lugar de promoverlo, de vernos conformarnos con lo que es fácil a expensas de lo que es bueno, sofocando no solamente el crecimiento en nosotros, sino también en nuestras familias, comunidades, culturas.

Cuán encantado estaría de vernos descubrir nuestras capacidades de ser más santos y más sanos, para luego vernos huir de relaciones que nos ayudarían a serlo.

Filed Under: Español

February 17, 2022 By Admin Leave a Comment

Querido futuro esposo

Mi amado,

¿Por qué estás tan triste esta noche? ¿Qué pasó? ¿Qué es lo que desearías poder ir atrás en el tiempo y no hacer?

Sé cómo te sientes. Todos tenemos algo que nos gustaría des-hacer. Lamento mucho que estés atravesando tanto dolor, tristeza, e ira. Yo también estoy enojada, pero no contigo. Estoy furiosa con los demonios en este mundo que te lastimaron, que te mintieron, te manipularon, te tentaron y te dejaron sin la guía o el amor que necesitabas. No me importa si fue tu culpa o en qué medida lo haya sido. ¿Por qué debería? Todo lo que sé, es que te amo, y odio ver que algo te lastime.

¿Tienes miedo de decirme lo que sucedió? Por favor, no temas. Cuando alguien te ama de verdad, no tienes por qué tener miedo. ¿Tienes miedo de que te rechace? Jamás. Rezo para que nadie con quien tengas una cita te haga sentir indigno de su amor. Jesús dice que puedes ir a Él así como eres, y puesto que eres lo suficientemente bueno para Su amor, ¡eres lo suficientemente bueno para cualquiera! Cuando sea yo con quien tengas una cita, rezo para que Dios me dé las palabras justas para hacerte saber cuánto te amo, cuánto te honro, cuánto te respeto.

¿Tienes miedo de que lo digas me lastime? Lo hará, pero sólo en la medida en que te lastima a ti. ¿Cómo puede algo que te lastima no lastimarme a mí también, puesto que te amo? Pero no tengas miedo de haber entregado algo que ahora ya no puedes darme.

Después de todo, Dios es amor y Él creó el acto del amor. En todo lo que eso conlleva, ya sea que estés contemplando la belleza total de alguien, tocándolo, o creando nueva vida con esa persona, sólo es amor cuando Dios está involucrado. Dios no tiene participación alguna en el pecado, sea lo que sea que hayas hecho, todavía no has tenido con alguien la experiencia de hacer el amor.

Es triste que hayas experimentado acciones tan profundamente carentes de amor. Pero no estaré celosa porque no es lo que quiero. Lo que haya sucedido entre tú y otra persona no es para nada lo que quiero que suceda entre tú y yo. Quiero algo completamente diferente y mucho mejor para nosotros. Un sacramente es esencialmente distinto de un pecado, incluso uno hecho en ignorancia y con buenas intenciones. En un sacramento, Dios nos entrega el uno al otro para que podamos descansar nuestras vidas en el verdadero y eterno bien del amado. No quiero que nos usemos mutuamente por un tiempo, sino que nos alentemos mutuamente para siempre.

Así que, como puedes ver, el único modo en que jamás podría perder la pureza de tu amor, el único modo en que puedo conocerte y en que tu don de ti mismo no se separe de mí, no es lo que pueda haber acontecido en el pasado. El único modo en que algo de eso podría suceder, es si huimos de Dios, porque entonces no seremos capaces de amarnos recíprocamente de una manera pura y entregándonos totalmente. Ésa sería la tragedia, la única manera en que todo podría perderse permanentemente. Pero no permitiremos que eso suceda.

Sin embargo, si hemos de compartir un amor mucho mejor de lo que hemos hasta ahora conocido, necesitamos prepararnos. Mi amor, corre hacia Dios. Sólo Él puede sanarte y ayudarte a romper los patrones destructivos. Sólo Él puede infundir en ti Su gracia para rechazar las tentaciones y crecer en las virtudes necesarias para amar. Por favor, no desesperes ni te conformes y huyas de Él debido a tu dolor. Deja que Jesús te ame extravagantemente, porque mereces ser respetado y animado, y no quiero algo distinto de esto.

Prometo que haré lo mejor de mí para seguir a Cristo y dejar que Él siempre me transforme más y más en alguien capaz de amarte plenamente. Por favor, haz lo mismo por mí. Aunque ambos todavía no nos conozcamos, podemos trabajar el uno por el otro, y entonces cuando nos encontremos, seremos capaces de compartir este amor tan bello.

Mi querido, tengo un gran respeto por las luchas y sufrimientos que estés atravesando para rechazar la falsificación del amor. He luchado contra mis muchos pecados, y sé qué tan difícil puede ser. Tu decisión diaria de abrirte a Dios y dejar que Él te lleve por el sendero correcto para que podamos encontrarnos merece el mayor de los honores. ¡Si supieras cuánto te admiro! Cuando pienso en el magnífico don que Dios quiere darme en ti, estoy verdaderamente asombrada y abrumada con alegría y gratitud. Te amo, te honro, y te respeto para siempre.

¡No puedo esperar a que nos encontremos! Anhelo que podamos estar juntos y podamos compartir nuestra Fe y alegrías, nuestros trabajos e intereses, nuestras penas y pruebas, y todo en nuestras vidas. Y, por supuesto, estoy a la espera de ese hermoso día cuando estemos de pie en el altar, delante de Dios y ambos podamos al fin, ser uno.

Quiero que sepas que estás siempre en mis oraciones. Por favor, reza por mí. Te amo.

 

Con todo mi amor,

Tu futura esposa

Filed Under: Español

February 15, 2022 By Bob Rice Leave a Comment

La carta dell’Impegno

Ricordo che quando avevo 14 anni ho dato consapevolmente la mia vita a Gesù . Non sapevo ancora tutto ciò che c’era da sapere sulla fede, ma conoscevo alcune cose importanti: non dovevo rubare cose, non dovevo mentire, dovevo andare in chiesa ogni domenica, e dovevo preservare il sesso per il matrimonio. E così mi sono impegnato a rimanere vergine fino a quando non mi sono sposato. Sembra nobile, giusto? Bene, nello spirito di rivelazione completa, devo ammettere che a quell’età nessuna ragazza aveva persino desiderato di dormire a letto con me. Ero la classica matricola del liceo che si presentava e ti chiedevi chi avesse fatto entrare al liceo i ragazzi di prima media. Le ragazze non mi trovavano attraente anche se, in fondo, loro non mi piacevano molto (essendo un fan di un sacco di libri D & D e Fantasy, la mia donna ideale era una principessa Elfa che conosceva Karate e sapeva maneggiare il coltello). E poi con il passare del tempo ho attratto alcune amiche (suonare la chitarra mi ha aiutato in questo) e sono entrato nel mondo emozionante del romanticismo maschile / femminile. Come sono andate le cose? Non bene, anzi rivolgo le mie più sincere scuse a coloro che hanno avuto la sfortuna di incontrarmi. La cosa più grande che ostacolava le mie relazioni affinché fossero positive era che conoscevo la verginità ma non ne sapevo nulla della castità. La castità è la virtù della purezza sessuale. Potrei anche non aver fatto sesso … ma non ero sessualmente puro. E così ho davvero realizzato degli autentici pasticci ferendomi e ferendo le donne a cui davo appuntamento. Ma c’è stato punto di svolta che è arrivato nel 1994. Mi ero appena laureato e stava frequentando una meravigliosa ragazza cristiana. A quel punto ho pensato che poteva essere “la ragazza giusta” per me e avevamo persino intrattenuto alcune conversazioni sul matrimonio. Entrambi abbiamo amato il Signore e pregato insieme, ma eravamo ,chiaramente, confusi sulla questione della castità. Poi sono andato a una conferenza in cui ho sentito un oratore sviluppare un discorso fantastico su cosa fosse la castità. E ho capito che non era una restrizione ma un dono! Dio ci desidera vivere in purezza in modo da poter avere la più grande espressione (ed esperienza) dell’amore. Mentre riflettevo  sulla mia vita, mi sono reso conto di come le cose fossero peggiori quando ero nella mia forma più impudica. La castità era lì per proteggere le relazioni “belle”, mentre l’attività sessuale le confonde e le distrugge. Ero entusiasta di sentire la verità. Mi sentivo così liberato! Passarono delle carte dette della “castità e dell’impegno” e ne riempii frettolosamente una apponendovi il mio nome e la data. E mi ricordo che presi una di quelle carte in più per la mia ragazza, le comprai una copia del discorso registrato su un audio-cassetta (sì, non stupitevi! era un supporto digitale in uso a quell’epoca) che spedii con grande eccitazione. Mi ricordo che amai anche il messaggio contenuto nell’audio-cassetta e a partire da quel momento ci siamo impegnati a una relazione pura e casta. Ero convinto più che mai che fosse “quella” giusta per me. Ma sei mesi dopo ci siamo lasciati. L’attività sessuale è come una droga e quando abbiamo avuto una fase da “sobri” ci siamo resi conto che c’erano cose di entrambi che erano decisamente fastidiose. Ero grato di aver chiarito tutto questo almeno nella mia mente. Ma il mio cuore era furioso. Desideravo l’amore. Pensavo che fosse “quella” giusta. E quella stupida “carta della castità e dell’impegno” ha distrutto tutto! Diciotto mesi dopo sono uscito con un’altra ragazza con occhi azzurri e capelli ricci. Alla fine ho capito con lei cosa significasse avere una relazione casta e desidero essere stato così con ogni relazione che avevo vissuto! Un giorno, dopo alcuni mesi di incontri, stavamo pregando insieme quando aprii la mia Bibbia e la “carta  dell’impegno” è caduta. E, nonostante, non avessi dimenticato il mio impegno di essere casti dimenticai che la carta era ancora lì. Ricordo di essermi sentito imbarazzato nel vederla anche se non sono sicuro del perché avessi reagito in quel modo. Non ero tanto imbarazzato per il mio impegno per la castità perché la ragazza con cui uscivo aveva preso alla lettera quel mio stesso impegno. Ma, forse, mi aveva ricordato di colei che pensavo fosse “quella” giusta. E così ho firmato quella carta per benedire e proteggere la relazione che avevo in corso con la ragazza che pensavo sarebbe stata la mia futura moglie e con la quale, invece, andò come ho raccontato prima. La mia nuova ragazza, invece, raccolse la mia carta e mi sembrava che stesse per piangere. Raggiunse la sua Bibbia e tirò fuori la sua “carta di pegno di castità”. Poi mi disse “Guarda!” e io potei solo annuire perché anche lei aveva una “carta dell’impegno”. Un sacco di persone avevano quella carta per cui lei mi fece notare qualcosa che mi sfuggiva. “Guarda da vicino,” mi disse lei, consegnandomi entrambe le carte. Le guardai. Esse non erano solo entrambe le “carte dell’impegno”, ma riportavano la stessa data della stessa conferenza a cui avevamo preso parte entrambi. In pratica, quando ero in un angolo della stanza durante quella conferenza, e stavo impegnando tutto me stesso e la mia futura moglie a Dio  per rimanere puro per il mio matrimonio, la ragazza che frequentavo ora a quell’epoca era in un altro angolo della stanza, impegnandosi per la stessa identica cosa. Ci siamo sposati un anno dopo. Il nostro Dio è un dio della fedeltà. “Sì, conosco i piani che ho per te,” dice il Signore, “i piani di pace, non per il disastro,  piani per darti un futuro pieno di speranza.”(Geremia 29:11) Quando offriamo a Dio le parti più intime della nostra vita, Egli ci dà la sua benedizione più intima. Riponi, quindi, “la fiducia nel Signore con tutto il tuo cuore e non appoggiarti sulla tua comprensione.

RiconosciLo in tutte le tue vie ed Egli appianerà i tuoi sentieri.

” (Proverbi 3: 5-6) . Condivido questa storia personale con te per darti speranza. Dio ha un piano fantastico per la tua vita.  E non importa quello che hai fatto o dove sei stato, Dio può portarti sulla strada giusta per la pienezza della vita che ha pianificato per te. (Questa storia è uno dei devozionali di “The Spiritual Workout di 40 giorni per i cattolici” che è possibile ottenere gratuitamente all’indirizzo http://40days.steubenville.org)

____________________

Bobr Rice Desidera di condividere l’amore di Dio usando ogni talento.

Egli è un altoparlante conosciuto a livello internazionale, acclamato musicista, insegnante ispirato e scrittore innovativo. Bob insegna all’Università Francescana di Steubenville, Ohio dove vive con sua moglie Jennifer e sette bellissimi bambini. Puoi stare al passo con lui cliccando su bob-rice.com.

Filed Under: Italiano

February 8, 2022 By Sarah Larue Leave a Comment

Dear Future Husband…

My Beloved,

Why are you so sad tonight? What happened? What is it you wish you could go back and change?

I understand how you feel. Everyone has something we wish we could undo. I am so sorry you are going through such pain, sadness, and anger. I am angry too, but not with you. I am furious with the evils in this world that hurt you, lied to you, manipulated you, tempted you, and left you without the guidance or love you needed. It doesn’t matter to me if or how much you may have been at fault. Why should it? All I know is I love you, and I hate to see anything hurt you.

Are you afraid of telling me what happened? Please don’t be. When someone truly loves you, you don’t ever have to be afraid. Do you fear I will reject you? Never. I pray that no one you may date ever makes you feel unworthy of their love. Jesus says you can run to Him exactly as you are, and since you are good enough for His love you are good enough for anyone! When I am the one you are dating, I pray that God will give me the right words to let you know how much I love you, honor you, and respect you.

Are you afraid that what you have to say will hurt me? It will, but only because it hurt you. How can anything that hurt you not hurt me when I love you? But do not fear you have given away something you can now never give to me.

After all, God is love and He created the act of love. In everything that goes with it, whether you are beholding someone’s full beauty, touching them, or creating new life with them, it can only be love when God is involved. God has no part in sin, so whatever you may have done, you have still never yet shared the experience with someone of making love.

It is sad that you once experienced actions so profoundly lacking in love. But I won’t be jealous because that is not what I want anyway. Whatever happened between you and another is not at all what I want to happen between you and me. I want something completely different and so much better for us. A sacrament is fundamentally different from a sin, even one done in ignorance with good intentions. In a sacrament God gives us to each other so that we may lay down our lives for the true and eternal good of the beloved. I don’t want us to use one another for a time but to cherish one another forever.

So, you see, the only way I could ever lose the purity of your love, the only way I can meet you and find that your gift of self is not set apart for me, is not what may have happened in the past. The only way that could happen is if we run away from God, because then we would not be capable of loving each other purely and giving ourselves fully. That would be the tragedy, the only way anything could be permanently lost. But we won’t let that happen.

However, if we are going to share a love so much better than anything we have known before, we need to get ready. My love, run to God. Only He can heal you and help you to break destructive patterns. Only He can infuse you with His grace to flee temptations and grow in the virtues needed to love. Please don’t despair or settle and pull away from Him because of your pain. Let Jesus love you extravagantly, for you deserve to be respected and cherished, and I want nothing more for you than this.

I promise I will be trying my best to follow Christ and let Him always change me more and more into someone able to love you fully. Please do the same for me. While we are yet unknown to each other we can still work for each other, and then when we meet we will be capable of sharing this kind of beautiful love.

My dearest, I have the greatest respect for any struggles and sufferings you go through to reject counterfeit love. I have struggled with plenty of my own sins, and I know how hard it can be. Your daily choice to open yourself to God and let Him bring you to the right path so that we can be together deserves the highest honor. If you only knew how much I admire you! When I think of the magnificent gift God wants to give to me in you, I am truly humbled and overwhelmed with joy and gratitude. I love you, honor you, and respect you forever.

I can’t wait for the day I’ll meet you! I long for when we are together and can share our Faith and joys, our work and interests, our sorrows and trials, and everything in our lives. And of course, I’m looking forward to that beautiful day when we stand at the altar before God and both of us finally become one.

Know that you are always in my prayers. Please pray for me. I love you.

With all my love,

Your future spouse

—–

ENGAGED? Check out Emily Wilson’s video course for brides-to-be!

_______________________________________________

 Sarah Karlyn Larue is a 27-year-old author of eight books, who loves her Faith and loves writing and is happiest when putting them together. Her latest series, That They Might Have Love, is for all Catholic young women who want to seek God first in their love lives and find greater love and joy when they are single, dating, and married.

Filed Under: Dating, Engagement, Relationships, Relationships, Starting Over

February 8, 2022 By Admin Leave a Comment

¿Cuándo deberías decir “te amo”?

La primera vez que le dije “te amo” a una chica, yo tenía catorce años y fue a través de un mensaje de texto. No tenía ni idea de lo que las palabras significaban: decir “te amo” parecía ser la mejor manera de comunicar la tormenta hormonal de sentimientos calurosos y confusos que estaba experimentando.

En los años que siguieron, a medida que mi concepto del amor se iba profundizando, me volví mucho más serio en torno a esas dos pequeñas palabras. De hecho, para el momento en que salía con Renée, quien ahora es mi esposa, estaba convencido de que no quería decirle “te amo” hasta que estuviéramos comprometidos.

Quería mostrarle a Renée que la amaba incontables veces (la última fue cuando vacié mi cuenta bancaria para comprar un piedra resplandeciente), antes de decirle que la amaba. Se sentía como el estándar correcto. Fue difícil, y significativo, y heroico.

En los primeros años de nuestra relación, mi perspectiva volvió a cambiar. Comencé a entender de modo práctico lo que significaba amar en una relación romántica, y Renée era mi modelo a seguir.

Luego de cinco meses de relación y de un atardecer romántico en un pequeño restaurante italiano festejando el cumpleaños de Renée, nos dijimos “te amo” por primera vez.

 

¿Qué significa decir “te amo”?

Crecer leyendo libros escritos por autores católicos, tales como Jason Evert, la respuesta a esta pregunta era siempre la misma. El amor no es un sentimiento. El amor es una elección. El amor es sobre “querer lo que es mejor para la persona que amas.”

No es una mala definición para destacar que el amor es más que sentimientos calurosos y revoltosos, y más que una mera atracción sexual. Pero no ayuda mucho a descubrir cuándo se debería decir “te amo” en una relación.

Siguiendo esta definición, le pude haber dicho a Renée “te amo” en nuestra primera cita, ciertamente quería lo mejor para ella desde el primer momento.

Si bien “te amo” definitivamente comunica “quiero lo que es mejor para ti” en el contexto de una relación romántica, estas palabras también comunican algo más.

¿Y qué comunican?

Podemos encontrar la respuesta en las palabras de San Juan Pablo II, cuando afirmó “Cuando el sujeto se siente más responsable de la persona, tanto más hay en él de amor verdadero” (Amor y Responsabilidad). Ese algo más es la responsabilidad.

Luego de dos citas, quería lo que era mejor para Renée, pero no sentía ninguna responsabilidad significativa hacia nuestra relación. Si hubiéramos tenido una fuerte discusión o Renée hubiese anunciado que se mudaba a Perú, ese hubiera sido el fin de todo.

Luego de cinco meses, nuestra relación se veía muy diferente. Renée y yo estábamos teniendo una relación a distancia, y habíamos puesto en práctica diversos compromisos mutuos. Nos hacíamos tiempo casi todos los días para llamarnos o realizar videollamadas, y al menos una vez al mes uno viajaría para ir a ver al otro. Ambos nos habíamos responsabilizado mucho más por nuestra relación.

Entonces, ¿cuándo deberías decir “te amo”?

Primero y antes que nada, empiezo por la definición dada por los autores católicos. Si no puedes genuinamente afirmar que lo que quieres es lo mejor para la otra persona, no tienes por qué decir “te amo”.

Pero ese es tan sólo el primer obstáculo. Ahora debes preguntarte “¿la responsabilidad está presente en nuestra relación?”

¿Ambos han realizado un compromiso exclusivo mutuo y recíproco? ¿Están dispuestos a invertir en su relación, incluso cuando demande sacrificios? ¿Su relación se está dirigiendo hacia el matrimonio? Tal vez no en la próxima semana, o en el próximo mes, pero basado en tu actual conocimiento, ¿puedes verte contrayendo matrimonio con esa otra persona?

Si tu respuesta a todas estas preguntas es “sí”, entonces probablemente estás en un buen lugar para decir esas dos palabras. Pero no te lo tomes a la ligera.

Si no estás seguro de que sea el momento adecuado, ya es razón suficiente para esperar. El amor es paciente. Pero en el mientras tanto, busca constantemente maneras de mostrarle al otro que lo amas. De este modo, cuando finalmente digas esas palabras, la otra persona no tendrá duda alguna.

Filed Under: Español

  • « Go to Previous Page
  • Page 1
  • Page 2
  • Page 3
  • Page 4
  • Page 5
  • Page 6
  • Interim pages omitted …
  • Page 47
  • Go to Next Page »

Footer

  • About
  • BOOK AN EVENT
  • LAUNCH A PROJECT
  • STORE
  • Podcast

JOIN OUR NEWSLETTER

© 2026 Chastity Project | Designed by Fuzati

Subscribe to Our Podcast

Listen as Jason interviews special guests and delivers straight answers to tough questions submitted by the listeners on dating, singleness, marriage, and sexuality.
subscribe now
  • About
  • BOOK AN EVENT
  • LAUNCH A PROJECT
  • STORE
  • Podcast

JOIN OUR NEWSLETTER

© 2026 Chastity Project | Designed by Fuzati
GET ANSWERS
  • DATING
  • LGBTQ
  • MARRIAGE & FAMILY
  • BIRTH CONTROL & STDS
  • PORN
  • STARTING OVER
  • join
  • GET answers
    • DATING
    • Marriage & Family
    • Porn, etc.
    • LGBTQ
    • Birth Control & STDs
    • Starting Over
    • Italiano
    • Español
    • Português
  • Courses
  • Store
    • Bulk
    • Books
    • Audiobooks
    • Booklets
    • CDs
    • DVDs
    • Curriculum
    • Commitment Cards, etc
    • App
  • Events
    • All Events
    • JP2 Trails Retreats
    • Purified
    • SPEAKERS
    • VIRTUAL SEMINARS
  • Donate
  • listen to the podcast
listen to the podcast