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Para obedecer amablemente

Algunas veces creo que Dios nos enseña a obedecerlo con pequeñas cosas, en orden a prepararnos para obedecerlo en las grandes cosas. Obedecer puede ser algo duro. Como humanos, tendemos a quedarnos con lo que nosotros queremos de nuestra vida. ¿Qué puede darme Dios? ¿Por qué no puedo obtener esto o aquello? Nuestra carne hace que todo se trate de nosotros, pero no se trata de nosotros. Debemos continuamente recordar que lo que Dios nos pide, siempre es para nuestro bien. Sus planes no siempre son nuestros planes, pero siempre son buenos, rectos y justos.

Años atrás, uno de mis amigos me arregló una cita a ciegas. Algo que mis seres queridos saben sobre mí es que nunca disfruté las citas. No me fue fácil ponerme en esa situación, y tendía a analizar todo lo que acontecía. Me gustaba tener todo bajo control antes de continuar con algo. Está de más decir que no quería ir. Además, mi cita a ciegas vivía a unas cuatro horas, por lo que, bien desde el inicio, no tenía buena pinta; sin embargo, tenía una sensación que me empujaba a ir a la cita, entonces fui. La cita era con un grupo de amigos, lo que ayudó a que estuviera más tranquila y que pudiera disfrutar. Desafortunadamente, el disfrute vino más de compartir con mis amigos que de la cita. Muy resumidamente, una vez que terminó el fin de semana, mi cita se comunicó conmigo y mencionó algo de volver a vernos. Aunque estaba atemorizada, le agradecí a oferta y estaba contenta de haberlo conocido, pero que no estaba interesada en salir con él. Soy una fiel creyente en las citas honorables. Es lo que Dios siempre me llevó a hacer. Aunque no es lindo rechazar a alguien, sabía que era mejor ser honesta que ignorar a alguien y dejarlo en la confusión.

Los caminos del Señor no son siempre fáciles. Hay momentos en los que tener citas no es para nada divertido. Pero creo que cuando lo hacemos a la manera de Dios, Él nos guía justo hacia donde esperamos llegar. ¿Disfruté diciéndole a mi cita que no estaba interesada en él? Por supuesto que no, ¿pero qué si, al rechazarlo, él es impulsado a dar el próximo paso para conocer a su futura esposa? Permitámonos recordar que obedecer a Dios no siempre se trata de nosotros, sino que puede resultar en beneficio y por amor a otros.

Poco después, me encontré a mí misma preguntándome cuál fue el sentido de esa cita. ¿Por qué Dios me movió a ir si no me llevó a encontrar a mi futuro esposo? Esto no tenía ningún sentido. ¿Por qué me hizo pasar por eso si no me llevó hacia donde quería? Ah, la carne. Algunos días más tarde, estaba paseando a mi perro, y mi vecino me preguntó azarosamente si había estado en casa el fin de semana. Le dije que había estado en otro lado. Empezó a contarme que ese fin de semana en particular, alguien había entrado a robarle. El ladrón entró y los encerró a mi vecino y a su perro en el baño. El ladrón tomó todo lo que quiso y se fue. Gracias a Dios, tanto mi vecino como su perro permanecieron a salvo y pudo llamar a la policía más tarde. No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Qué hubiera pasado si hubiera estado en casa en ese momento? ¿Qué hubiera pasado si no hubiese escuchado a Dios y no hubiese ido a esa cita a ciegas?

Debemos aprender a obedecer a Dios, independientemente de que Su camino no coincida con el nuestro. Debemos recordarnos que incluso cuando un resultado no es el que queremos, incluso cuando no logramos ver la bondad en lo que estamos esperando para ese momento, Él está obrando para nuestro bien. Quién hubiera dicho que, unos meses después de esa cita a ciegas, iba a conocer a mi futuro esposo. Cada paso que damos en la dirección correcta nos lleva hacia la bondad de Dios. Podemos no entender hoy, mañana, o el próximo año, pero tendrá sentido en algún momento. Dios se encarga, y si seguimos Su voluntad, Él nos guiará hacia nuestros mayores deseos.

Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor-. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.” Isaías 55, 8-9

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