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¿Eres libre para amar?

Una de mis frases favoritas de películas viene de la versión live-action de La Bella y la Bestia de Disney. Bella ha estado viviendo en cautiverio en el castillo de la Bestia durante meses, y luego de establecer una breve amistad, la Bestia finalmente le pregunta a Bella, en un extraño momento de consideración, si ella piensa que sería feliz con él ahí. Bella responde sencillamente: “¿Alguien que no es libre puede ser feliz?”. Esta pregunta es el detonante que provoca que la Bestia reconsidere el cautiverio de Bella, y decide finalmente que la mejor (y única) manera de amarla es dejándola ir, incluso a un alto costo personal.

Ese momento cinematográfico acarrea todo el peso y resonancia emocionales de la verdad. En la vida real, el amor auténtico no puede ser forzado o coaccionado. El verdadero amor requiere de libertad. Entonces, ¿por qué nos conformamos con la esclavitud cuando Cristo ha comprado nuestra libertad?

Por supuesto que aquí me refiero a las consecuencias del pecado sexual, cuyas raíces inhiben nuestra habilidad de elegir libremente a otra persona basados en un fin, valores y virtudes comunes. Le hablo a todo joven ahí fuera que ha lidiado o sigue luchando con la tentación del sexo premarital.

Puede que, en el momento, se sienta como si fueses libre. En el momento, puedes convencerte a ti mismo de casi cualquier cosa; los sentimientos hacia tu pareja pueden ser tan avasalladores y poderosos que casi eres capaz de justificar cualquier pecado que ocurra en la relación. Pero permíteme hablar de algo mucho más poderoso: la castidad es más, mucho más, que una mera abstinencia. De hecho, me atrevería a decir que la abstinencia en cuanto a un constructo social es arcaica y, en muchos casos, desordenada sin la castidad en su centro. Después de todo, estoy seguro de que hemos escuchado a los ancianos decir “¿por qué comprar la vaca cuando puedes tener la leche gratuitamente?”. Esto difícilmente podría ser un argumento convincente para los jóvenes hoy en día, quienes experimentan un juicio cultural mucho menor que la generación de nuestros abuelos. Las mujeres en 1940 tenían que ocuparse de preservar su reputación, y me atrevería a decir que la “reputación” hoy en día no existe como tal. Actualmente, cualquiera puede salirse con la suya sea lo que sea que haya hecho, basándose solamente en que es su propia versión de la verdad. La verdad ya no es considerada como objetiva o absoluta, ¿entonces por qué practicar la abstinencia si ya no es una expectativa cultural? Lo que es más, ¿por qué practicarla si la cultura espera que hagas exactamente lo opuesto?

¿Cuál es la diferencia entre abstinencia y castidad? La castidad anima y hace posible la libertad para elegir, y la libertad para amar. Cuando la castidad existe en una relación, cada persona está viviendo los designios de Dios de abrazar la plenitud del amor humano, y de reafirmar la dignidad del otro al valorarlo demasiado como para lastimarlo, herirlo, o usarlo como un objeto de placer. Con el sexo premarital, la decisión de entrar totalmente en una relación está distorsionada por las reacciones hormonales y psicológicas que experimentamos como resultado de lo que debería acompañar a una unión matrimonial, y esto no es lo que Dios quiere para nosotros. Si la ley no existe por amor, no sería una ley en absoluto, porque Dios es amor.

¿Acaso Dios coacciona a alguien a amarlo? Piénsalo: ¿El Creador del universo arrancó nuestra libertad para que no tuviéramos más remedio que adorarlo? Él pudo haberlo hecho, muy fácilmente y sin complicaciones. No habría Caída, no habría pecado, no habría maldad sin libertad…

…Tampoco habría amor.

Puesto que Dios desea que nos volvamos a Él y recibamos Su amor hacia nosotros con total claridad y libertad, Él desea lo mismo para nosotros en nuestras relaciones terrenales. Sin la castidad, no puede haber una verdadera libertad para elegir: te vuelves demasiado apegado emocionalmente en la mentira que intercambias con tu pareja (“tú y sólo tú, por siempre y para siempre”) como para tomar la decisión de amar libremente. El amor sin libertad no es más que una estafa, y tú fuiste creado para el premio mayor. Tú fuiste creado para el designio celestial del amor.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.”  1Cor 13, 4-6

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